La madera natural es la madera tal y como se encuentra en los árboles y en la naturaleza, sin ser sometida a ningún proceso de transformación industrial. Esta madera se caracteriza por ser un material orgánico, renovable y biodegradable, que proviene de los árboles y otras plantas leñosas. Puede presentar una gran variedad de formas, tamaños y texturas, dependiendo de la especie de árbol, el clima, el suelo y otros factores ambientales. La madera natural es valorada por su belleza, durabilidad, resistencia y por ser un recurso renovable. Sin embargo, también puede tener limitaciones en cuanto a su tamaño y forma, y puede ser susceptible a daños causados por insectos, hongos y otros organismos que pueden afectar su calidad y durabilidad.

En el caso de la madera natural, es necesario hacer la diferencia de su proveniencia de un árbol vivo o árbol muerto (o fragmento de árbol muerto).

Un árbol vivo está compuesto por células vivas que realizan fotosíntesis para producir su propio alimento y crecer. La savia, un líquido que fluye a través de los vasos conductores del árbol, transporta los nutrientes y el agua necesarios para el crecimiento y la supervivencia del árbol. La presencia de hojas verdes y flexibles, frutos y flores, son características que confirman la vitalidad del árbol. Por otro lado, los fragmentos muertos y secos de un árbol carecen de vida y no realizan fotosíntesis ni producen savia. Las células que alguna vez estuvieron vivas, han muerto y la madera que queda se seca y se descompone con el tiempo. A modo de definición operacional los identificamos como:

1. Árbol vivo: un árbol que está enraizado en tierra, realiza fotosíntesis para producir su propio alimento y cuenta con flujos de savia a través de su cuerpo.

2. Árbol muerto o fragmento de árbol muerto: ya no realiza fotosíntesis y no tendrá flujos de savia.

En un árbol vivo, los flujos de savia circulan a través de los vasos conductores, transportando los nutrientes y el agua necesarios para la vida y el crecimiento del árbol. En cambio, en un árbol muerto, los vasos conductores han perdido su función y no hay flujos de savia que circulen por ellos. Además, los árboles vivos también están enraizados en el suelo, tienen hojas verdes y están en constante crecimiento y cambio, mientras que los árboles muertos no tienen actividad metabólica ni vitalidad.

Es importante destacar que no solo los árboles vivos realizan aportes ecosistémicos. Tanto los árboles vivos como los muertos hacen sus contribuciones. Los árboles vivos son especialmente importantes porque son capaces de realizar la fotosíntesis, un proceso que utiliza la energía del sol para transformar el CO2 en azúcares y liberar oxígeno como subproducto. Además, albergan una gran cantidad de organismos, como hongos, bacterias y animales, que también contribuyen al ciclo del carbono y al funcionamiento del ecosistema. Por otro lado, los árboles muertos y la madera en descomposición también juegan un papel importante en la fijación de carbono y en la regulación del clima. Cuando los árboles mueren y se descomponen, el carbono que habían almacenado durante su vida se libera lentamente al suelo y a la atmósfera. Sin embargo, parte de este carbono puede quedar fijado en el suelo durante décadas o incluso siglos, contribuyendo así a la mitigación del cambio climático.

Cuando un árbol o un fragmento de árbol muere, comienza un proceso de descomposición natural que implica la acción de una amplia variedad de organismos y procesos físico-químicos. En primer lugar, los hongos y bacterias que se alimentan de la madera muerta comienzan a colonizarla y a descomponerla. Estos organismos liberan enzimas que degradan la celulosa y la lignina, que son los principales componentes estructurales de la madera. Además, la exposición al sol, el viento y la lluvia pueden provocar la fragmentación de la madera y la oxidación de sus componentes orgánicos. Esto produce una disminución en la masa y la densidad de la madera, así como una liberación de dióxido de carbono y otros gases a la atmósfera. A medida que se produce la descomposición, los nutrientes y otros compuestos orgánicos presentes en la madera muerta se liberan y se vuelven disponibles para otros organismos del ecosistema. Estos nutrientes pueden ser utilizados por plantas, hongos y otros organismos para crecer y desarrollarse.

La composición de los residuos de la descomposición de la madera depende del tipo de madera, la forma en que se descompone y otros factores ambientales. Sin embargo, en general, los residuos de la descomposición de la madera incluyen:

• Compuestos orgánicos: La madera está compuesta principalmente de celulosa, lignina y hemicelulosa, que son todos compuestos orgánicos. Durante la descomposición, estos compuestos se descomponen en componentes más simples, como azúcares, ácidos y alcoholes.

• Nutrientes: La madera también contiene nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio y otros elementos que son importantes para el crecimiento de plantas y otros organismos.

• Polvo y esporas: La descomposición de la madera puede generar polvo y esporas de hongos, que pueden contribuir al material particulado en el aire.

• Gases: La descomposición de la madera también puede liberar gases como dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero.

Es importante tener en cuenta que la composición de los residuos de la descomposición de la madera puede variar dependiendo de cómo se maneja la madera y en qué ambiente se está descomponiendo. Por ejemplo, si la madera se trata con químicos, puede haber residuos de esos químicos en la descomposición.

La madera muerta no tratada con químicos puede contribuir positivamente al ambiente si se deja en un espacio exterior. Como mencionamos anteriormente, la descomposición natural de la madera muerta libera nutrientes y otros componentes orgánicos al suelo, lo que puede beneficiar el crecimiento de plantas y otros organismos en el área. Además, la madera muerta puede proporcionar un hábitat valioso para una variedad de organismos, como insectos, hongos, aves y pequeños mamíferos. Estos organismos pueden utilizar la madera como refugio, alimento o lugar de reproducción.

En un ambiente urbano, como en un edificio de departamentos, el material particulado generado por la descomposición de la madera puede acumularse en el ambiente interior, especialmente si no hay una buena ventilación. Es importante tomar medidas para gestionar la descomposición de la madera en espacios interiores. Esto puede incluir el uso de desinfectantes naturales para prevenir la infestación de insectos, la ventilación adecuada para reducir la acumulación de polvo y esporas, y la eliminación regular de los residuos de madera en descomposición, trasladándolos al exterior.

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